Me aferro a mi almohada como si estuviese huyendo de mí
con piernas y brazos
húmeda después de un llanto nocturno, testigo de tantas dudas, cómplice de tantas decisiones y arrepentimientos
esta noche tu voz me parece más bonita y cada fotografía nuestra es una astilla de acero en mi corazón
punzante
hiriente
pensar en tu ausencia es como lanzarse a un vacío
que nunca termina, y sentir que te duele el estómago de náuseas
de miedo
de impotencia
deseando al menos estrellarse contra el suelo, con tal de parar
hablar de ti es como ser dueño del árbol más hermoso del mundo
alardearlo
exhibirlo
regarlo cada día y darle amor
pero, aunque dé amparo a todo el campo, sus frutos no son comestibles y sueñas todas las noches con saborearlos y te reprochas que no valió la pena sembrarlo
pero luego, bajo su sombra, te das cuenta de que ningún otro podría darte sereno como él y que otras especies cohabitan en sus ramas
y que el columpio de los niños no pudo haber tenido mejor base
que sus hojas tienen un sonido exquisito en otoño
que te protege de la recia lluvia y es fuente de agua para las aves
entonces yo
aquí abrazando mi almohada
ya empapada en lágrimas
sorda de tanto discurso
y rígida por la espera
pienso en que eres el árbol más hermoso de todos
y que no puedo dejar que mueras
porque tu sombra no me la dará ninguna palma
y que puedo treparme en tus ramas sin miedo a caer porque me espera una cama acolchada de hojas color sepia
Por eso espérame mañana
estaré como todos los días
humedeciéndote hasta la raíz
acariciando tu corteza
y recogiendo tus flores para adornarme el cabello
sólo espérame
que iré como siempre
a tomarme el café frío
con el sol a tu costado
mientras escucho al viento enseñando a bailar a tus hojas el canto de las golondrinas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario