Creer que se puede
volver a querer
y encerrar los miedos en el sótano
cubiertos con sábanas viejas
y edredones gruesos de invierno
creer que se puede
no sentir el frío
de un invierno
porque siempre es verano
cuando se quiere
creer que querer
siempre es como un día soleado
bajo la sombrilla
bien anclada en la arena
a la orilla de una playa
calma y sin bruto oleaje
creer que en una playa sin olas
nunca hay ventiscas
de las que vuelan sombrillas
y te hacen tragar arena
creer que la arena siempre es suave a la planta de los pies
y olvidarse de que
en pleno verano
en el caribe
no es posible dejar huellas profundas
porque los pasos tienen que ser toques rápidos al suelo
para no quemarse
creer que el querer es dejar huella
y a veces las huellas más profundas
se dejan en suelos mojados
quiero creer
que se puede querer
con días de sol apacible y no aberrante
de suelos frescos y no barrosos
que pueda correr descalza en la arena
y no tenga que esconder más a los miedos
creo
en que una huella
profunda
no tiene otro lugar
favorito
para quedarse
que donde la quisieron.