Lo mío era otra cosa
la
sensación rara en el cuerpo
cuando
tomabas mi mano
el dolor
agradable en el estómago
cuando te
miraba caminando hacia mí
tus manos
en mis mejillas
cuando me
dabas un beso
los
nervios que sentía cada vez que me quitabas la ropa
como si
fuera la primera vez que me desnudaba frente a ti
lo más
difícil de todo fue ponerte nombre
no quería
un título de esos que ya pronostican lo que viene
pero
tampoco quise que fuera de aquellos que hacen que la gente se pregunte de dónde
salió
porque no
tienen absolutamente nada que ver con el contexto de la historia
quería
llamarte de alguna manera
que
significara algo para mí
pero que
te hiciera entender que eras mía
¡pero que
tontería!
aun así te
llamé «amor»
y tan
inocente fui que
aún
sabiendo que eras de las que reían ante cualquier expresión de esas
de
película
te dije: «me
rompiste el corazón»
nunca supe
si después de eso habrás rociado el rostro de alguien
con la
explosión de risa
o si habré
provocado que te ahogaras con el bocado de comida
que
segundos antes te habías llevado a la boca
no supe
siquiera si por fin logré que te sintieras parte de un drama literario
incluso
nunca pude
saber si alguna vez supiste lo que significó
pero llegó
quien me reparó cada fibra
al
principio quería detectar tus actitudes en ella
quería que
reaccionara igual a como lo hacías tú
esperaba
que le gustaran las mismas posiciones que a ti
y que su
respiración oliera como la tuya
ahora
comprendo que era imposible una comparación
y que
estuve errada todo ese tiempo
al
otorgarte un título que no merecías
y al
que yo no estaba ni cercana a conocer
si dejaba
que tú siguieras enseñándome mal.