septiembre 25, 2017

Vetusta

Como en Copenhague
dejarse llevar suena demasiado bien
por eso dejo que el viento dirija mi cabello
y que mis ojos se pierdan en el paisaje
que las melodías se lleven las penas
y que a las lágrimas las disipe una sonrisa

He llegado a pensar en ti
los días grises me hacen recordarnos
mis zapatos empapados
la ropa pegada al cuerpo
y tus labios fríos

Uno siempre se pregunta si es el destino quien hace que las cosas ocurran
o si es uno mismo el que por fin tomó una decisión
¿pero decidió bien?
la única manera de saberlo a largo plazo es dejar que el tiempo pase
y en ese intermedio
contar cuántos reproches
o cuántos suspiros de alivio van
la respuesta es fácil

Dejarse llevar

¿Pero qué tan lejos puede llevarte un sendero de agua estancada?

¿Está bien esperar con fe algún aguacero que le de fuerza a su cauce?

Quédate donde de verdad sientas corriente en el cuerpo
donde debas tomar las riendas tú y navegar hacia el lado contrario de donde todos te empujan
ve por donde la brisa te pegue directo en la cara y tengas que entrecerrar los ojos
y donde los tonos rojizos del atardecer sean tan vivos que tengas que fruncir el ceño

Fue demasiado bien dejarme llevar
pero necesitaba otra cosa
quería electricidad en el estómago
calambres en las mejillas
el corazón agitado de emoción
llegué a sentirnos cerca de todo aquello
pero no llegamos
y supongo que no era por ahí
supongo que esa no era mi ruta.

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