febrero 18, 2019

Una aclaración

No sé cuántos días han pasado, pero siento que han sido más de mil noches. Aún no estoy lejos de ti, no voy a estarlo, porque la distancia no es nada cuando los recuerdos son identificados con todos los sentidos del cuerpo. Fuiste tú, quien dejó todo para venir, yo sólo tenía que esperarte y verte a 5cm de mi cara fue el mejor regalo, aún cuando el precio sólo fue esperar, aún cuando eras tú quien dejabas todo.

Este no es mi lado de la historia, porque no hay un lado, sabemos bien que estábamos en el mismo cuadro de lo que quedaba de asfalto, mientras todo alrededor se derrumbaba.

No eres un perfume en la tienda ni el chocolate que gusta a pocos, no te escogí, porque los seres llegan solos y uno lo que tiene es que llenarse de coraje y no dejar pasar a los que sospecha importantes. No eres un suéter tejido en rebaja, ni los zapatos restaurados, los objetos son banales y tú eres espíritu
eres cosmos
eres universo
eres deseo

Yo jamás comparo ni tiendo a elegir por modernidad, porque sabes que soy clásica, prefiero lo que cuenta historias, lo beige, lo vintage. Lo que a los coleccionistas llena de orgullo poseer.

Esto no se trata de una elección esperanzadora que libere mi vida como se libera un país después de una dictadura, ni de lo aburrido que pudo hacerse algo que antes me divertía, esto no es un capricho de novedad, de tirar a la calle mis cosas viejas porque quiero comenzar de cero. Eso no se trata de mí, solamente, es fácil que el ego haga lo suyo, en mentes que se niegan a ver que hay cosas irrecuperables, después de haberlas perdido. Esto no es por el gusto de abandonar recuerdos, ni momentos, ni palabras y sensaciones, esto no es por ti, ni por mí, ni por quien creas, esto no es por olvido, o porque dejé de amar aquellos tenis viejos que me acompañaron tantas veces.

Me voy de viaje, y me llevo mi abrigo roto, puede que me compre otro, pero esta tela me cubrió por tanto tiempo que aunque los agujeros sean enormes, aún me quita el frío.

Ves? Yo no soy lo que piensas, a veces soy una acumuladora, y aunque ordene mi cuarto cientos de veces, sigo guardando prendas que sé que tal vez no vuelva a usar, pero que me vistieron tanto que daría dolor verlas tiradas a la basura.

En mi closet todo está ordenado con meritocracia, no por complacencia ni modernidad

Y tú tienes colgada la de honor al mérito en el cuello.

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